Ultimos tweets de tweetcuento

miércoles, 24 de diciembre de 2014

La rosa y el caminante

El caminante pasaba todos los días por delante del jardín. Era un jardín triste, que luchaba sin mucho éxito por sobrevivir en un pequeño trozo de tierra reseco y asfixiado por el humo de los coches. Un día el caminante se fijo en que había aparecido una rosa cuyo esplendor brillaba entre el resto de la marchitas flores. Desafiando valiente al humo de los coches.
“Tengo que oler su fragancia”, pensó al verla. “Pero hoy no, que llego tarde”
Al día siguiente: “Hoy no, que llevo los zapatos caros y no quiero mancharlos”
Al otro: “Hoy no, que esta lloviendo”
Y otro: “Ahora hay mucha gente me da vergüenza, mañana…”
Y por fin llegó el día, no tenía que trabajar, el sol brillaba y no había nadie en la calle. Llegó hasta donde esperaba su flor, pero su flor ya no estaba, alguien la había cortado.
Desilusionado se sentó en un banco. Se sentía triste por todas las oportunidades perdidas, por todo el tiempo dedicado a otras cosas menos importantes pero más urgentes con la excusa de “mañana tendré tiempo”.
Al día siguiente volvió a pasar por donde estaba su flor y al acordarse de ella le ocurrió algo muy raro. Sonrió. Sonrió recordando como cada mañana salía de casa más animado pensando en que aunque fuera solo por un segundo iba a ver a su flor.
Eso era, no iba a dejar que el dolor de su ausencia empañara las sonrisas que había compartido con su flor. Puede que no fuera todo lo que hubiera podido ser, pero precisamente por eso esas sonrisas eran tan valiosas. Desde entonces siempre que pasaba por allí sonreía y seguía haciendo años después de que el pequeño jardín fuera cubierto por asfalto.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Échame una mano

Mi vida no había sido la misma desde el accidente. Y eso debería considerarme afortunado. Cuando el autobús de regreso a Madrid chocó con un camión cargado de varillas metálicas la muerte sorteo varios números y tuve suerte de no sacar ninguno ganador. Lo poco que recuerdo del accidente puedo describirlo como parecido a estar dentro de una picadora de carne. Perdí un brazo, pero afortunadamente los de la ambulancia lograron recuperarlo y conservarlo.

Después de la operación para reimplantarlo los médicos tenían esperanza de que recupera un 60% de la movilidad, les sorprendí porque a los seis meses era capaz hasta de tocar la guitarra. Yo también me sorprendí, nunca había aprendido a tocar la guitarra. Desde entonces sentía que ese brazo era más hábil que antes del accidente. Hasta mi mujer estaba sorprendida y encantada con ciertos trucos en la cama que mi brazo ejercitaba con gran soltura. La verdad que me empecé a preocupar, tenía la extraña sensación de que el brazo hacia cosa que yo no le ordenaba. O más bien que era él quien me sugería hacerlas. Me obsesioné tanto que acabé en la consulta de una psicóloga con un diagnóstico de trastorno de disociación debido a la culpa del superviviente. Ridículo, yo no me sentía culpable de sobrevivir, me sentía atemorizado porque mi brazo empezaba a tomar decisiones sin consultarlas con mi cerebro. La doctora me dio consejos pero ninguno me ayudó. Al final, para evitar que me medicasen, fingí que me había curado de mi "trastorno" y me dejó en paz todo el mundo, menos mi brazo, que seguía allí, pegado a mi codo, conspirando.

Hace una semana encendí un cigarrillo que le robe a un compañero y le di una calada antes de empezar a toser. No he fumado nunca. Lo peor es que para encender el cigarrillo hacen falta las dos manos. Y no solo eso, poco después me sorprendí escribiendo un mail a una persona que no conozco, intenté leerlo pero mis manos lo borraron antes de que pudiera ir más allá de la primera línea:  “Querida Julia, se que te prometí que....”. ¿Quién era Julia? ¿Qué le había prometido yo? O al menos ¿Qué le había prometido mi brazo?

La prueba definitiva que confirma mis sospechas la he tenido esta mañana. La policía me ha mandado un caja con mi alianza de matrimonio. La llevaba puesta en la mano que perdí. Según ellos lo encontraron en un miembro amputado que estaba destrozado. Entonces, ¿de quién es el brazo que me implantaron?.

He intentado cortarlo con un hacha, pero no logro que mi brazo izquierdo le golpee. Ha ganado mucho control sobre mi cuerpo, aun así creo que no puede leer mi mente o eso espero. He trazado un plan, le he dicho a mi mujer que me apetecía preparar una barbacoa para cenar. Para hacer tiempo me he servido una copa de whisky y luego otra, tengo la esperanza de que el alcohol le debilite más a él que a mi o que al menos me dé el valor suficiente para hacer lo que tengo planeado. A la tercera copa he sufrido un descuido y he derramando gran parte del whisky por encima de la manga de mi camisa, estoy seguro de que ha empapado suficiente. Ahora solo queda sufrir un accidente. Creo tener la voluntad suficiente como para aguantarlo suficiente tiempo en el fuego.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Una cara bonita

"Algoritmo heurístico de generación de imágenes de rostros humanos". Así se titulaba el articulo que le había lanzado al mismo tiempo a la fama y al infierno. Pese a su título tan complicado la idea era muy sencilla. Había realizado un programa que analizaba fotos de caras humanas y las descomponía en partes. Sobre esas partes se aplicaban automáticamente operaciones de transformación para añadir más variedad.

Creó un algoritmo capaz de combinar y unir esos trozos de todas las maneras posibles. Su fin era ambicioso, generar una foto de todas las caras que podían existir. Una biblioteca de todos los rostros que han existido, existen o existirán. Incluso de los que nunca lo harán. Su proyecto llamó la atención de mucha gente, algunos mecenas reunieron dinero y le financiaron la idea. Las combinaciones eran tantas que calcularlas todas llevaría una gran cantidad de tiempo. Se estimaba que cerca de 130 años y aun así era una cifra afortunada, apenas un par de siglos antes, a principios del segundo milenio, los mismos cálculos hubieran necesitado varias veces la vida del universo. Para su pesar era más tiempo del que él esperaba vivir.

Su mente no podía parar quieta. Si no podía ver el resultado completo de su idea al menos se aseguraría de ver un resultado que le contentara. Así que modificó su algoritmo y le añadió una parte de selección. Este nuevo algoritmo no generaría todos los rostros posibles uno tras otro. Generaría solo diez rostros y él elegiría cual le gustaba más y a partir de ese generaría otros diez, así una vez tras otra, refinando los resultados con cada selección. Esa versión no requería una gran potencia y lo ejecuto en una de sus maquinas de casa. Al principio era poco más que una curiosidad, un entretenimiento en el que gastar unos pocos segundos para olvidarse del trabajo. Pero poco a poco según los rostros evolucionaban su comportamiento se transformó. Se volvió obsesivo, se enfadaba por no poder dedicar suficiente tiempo a su proyecto. Y daba igual cuanto tiempo dedicase, nunca era el suficiente. Ahorraba horas de sueño, comida delante de la pantalla, robaba horas al trabajo. Seleccionando cara tras cara.

Al principio la cara era andrógina, sin un sexo definido luego poco a poco fue tomando aspecto de mujer, sus nariz, sus pómulos, sus ojos y cejas fueron modificando su tamaño y forma adaptándose poco a poco a los deseos inconscientes del pobre programador. El pelo, las cejas, la sonrisa cada detalle de la cara fue modelándose hasta tomar forma. Luego cada elemento de la cara fue perfeccionándose hasta el mínimo detalle. Hasta que finalmente alcanzó la perfección.

El programador se quedó mirándola, sabiendo que era su perdición. El fin de la búsqueda que había llegado a absorber su mente y consumir sus horas. En ese rostro veía a la mujer perfecta, el rostro más hermoso que había visto y que nunca vería. Un rostro que quizás no pertenecía a nadie o que pertenecía a una mujer muerta hace muchos años, o que todavía no había nacido. Su búsqueda le había condenado a la ceguera . ¿Como podría ahora enamorarse de otra mujer? ¿Como podría volver a apreciar la belleza de otros rostros cuando había sido deslumbrado por la belleza de este?.

Quince días después lo encontraron inconsciente sobre el teclado de su computador. Sufría desnutrición y agotamiento por falta de sueño. Había trabajado sin parar en un proyecto hasta caer inconsciente. Se encontró gran cantidad de documentación sobre simulación de la vida y del cerebro. Los expertos que pudieron analizar el código que escribió son incapaces de entender su funcionamiento o su fin. Puede que solo sean los delirios de un loco o puede que sea el trabajo de un genio, a veces cuesta distinguirlos. Su autor quizás nunca pueda concluir su trabajo. Su cuerpo se recuperó pero su mente sigue perdida en sus ensoñaciones.

Mientras, el programador sueña que pasea cogido de la mano de la chica más bonita de todas